Florencia desde África.

20/06/2013

Nuestra compañera Florencia Sienra, responsable del área de proyectos de Fe y Alegría Uruguay está en Chad trabajando codo a codo con el equipo de Foi et Joie Chad y desde allí comparte con nosotros sus impresiones de un país y una realidad tan diferente a la nuestra.

Queridos amigos: buenos días! O como dirían por acá “salam alekum”. Estoy en Chad, un país ubicado en el centro de África donde Fe y Alegría está presente desde el año 2007 y está integrada por 25 escuelas, llevadas adelante por 145 maestros y el equipo de la Oficina Nacional que trabajan para mejorar la educación de más de 5000 niños. Es un país donde el asfalto casi no ha llegado (literalmente), así que “Foi et Joie Tchad” (así es el nombre en francés, una de las dos lenguas oficiales junto al árabe) tiene un gran reto por delante.

Más allá de los aspectos “técnicos” quiero compartir con ustedes otros ecos que me van surgiendo. Cabe decir que si bien estoy todo el día en Fe y Alegría, no vine aquí por trabajo sino porque Nicolás, mi novio, vive y trabaja aquí desde hace tres años y se está encargando de introducirme a este mundo nuevo para mí.  Estoy apenas empezando a “conocer” o mejor dicho a palpar algo de este mundo que no me imaginaba que fuera tan pero tan diferente…tengo todos mis sentidos al 100% y aún así no logro absorber tanta riqueza.

Tierra de mucho polvo, a tan solo 200 km. del desierto del Sahara, polvo… que como cuando empieza la cuaresma parece recordar de dónde venimos y a dónde vamos. Acá no hay chance de quedarse en la superficie… la hondura se entrega por completo. En todos sus sentidos. La mirada profunda de la gente que parece mirar más allá de lo que yo logro ver, el apretón de manos fuerte, el intentar comunicarse a pesar de no compartir el idioma… El calor abrazador (nunca mejor dicho!!! ahora debe haber unos 40 grados!). Es todo muy intenso. Todavía no logro poner en palabras lo que siento, recién estoy “aterrizando” literalmente… hasta la tierra se pega a uno acá… hay una brisa constante que la hace volar, pero la gente está acostumbrada, reconciliada con ella…A la mañana siguiente de llegar salí a dar un paseo por los alrededores de la oficina. A media cuadra encontré uno de los tantos pozos de agua comunitarios que existen. Estaba rodeado de niñas y mujeres que iban a sacar agua, vestidas con sus trajes coloridos típicos de aquí y su cabello tapado. Se me vino enseguida el pasaje de la Samaritana y la frase que le dice Jesús: “si conocieras el don de Dios”. Esa imagen que tenemos metida en la imaginación, acá parece vivirse. Es completamente normal que las mujeres vayan constantemente al pozo a buscar agua, porque la necesitan para vivir. Y el pozo es lugar de encuentro…. Recién me toco ir a buscar agua  y pude comprobarlo, es lugar de encuentro; sacar el balde cargado desde 8 o 10 mts. de profundidad no era tarea fácil y antes de que pudiera pensarlo ya había alguien al lado dispuesto a ayudar.  Sin dudas, el Dios de la Vida está aquí buscando y ofreciendo agua… pronto para el (re)encuentro. La sonrisa constante de las mujeres es prueba de ello.

Les dejo algunas imágenes que seguramente puedan transmitir mejor que mis palabras lo que aquí se vive.

Cariños,
Flor

 

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